Historias de madres e hijos y Capuccino frappé para refrescarse

/ 07 enero 2016

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Empezó un nuevo año y como suele suceder –o al menos a mí me pasa-  uno se pone reflexivo. Hoy quería compartirles una reflexión sobre cómo me fueron cambiando algunas ideas desde que soy mamá.
La vida es como un búmeran y no es puro cliché. Cuando somos hijos tenemos distintos ciclos en la relación con nuestras madres. Por ejemplo, de chicos nos prendemos a mamá cual garrapata, la seguimos a todos lados, nos colgamos de su pollera, dejamos que nos vista a su gusto -aunque estemos ridículos- y lloramos al grito de “¡mamáaaaa!”. Al llegar la adolescencia las cosas cambian. Ya no queremos que mamá nos llene de besos ¡y menos frente a nuestros amigos!, odiamos que nos diga “¿cómo vas a salir así vestida?” o el tan mentado “¡llevá saquito!”.
Hace poco estuve viendo la campaña de Awafrut “Las mamás somos así” y además de reírme muchísimo con cada una de las publicidades, me sentí identificada con varias de ellas, especialmente con una que enseguida me trajo el recuerdo de mi madre y las vueltas de la vida: “Mi bebé”
Mi mamá solía referirse a mí como “mi bebé” o “la nena”, ¡aún ya pasados los 30! y yo le decía que no me gustaba que me diga así, y menos frente a otras personas, a lo que ella me respondía “Para mí siempre vas a ser mi nena”. Siempre el mismo cuestionamiento de mi parte, y siempre la misma respuesta de la suya.
Y claro, como les dije al principio, la vida es un búmeran, porque a medida que vamos creciendo nos damos cuenta de que lo que uno consideraba como verdad absoluta en una etapa de la existencia, puede derrumbarse de un momento al otro. Desde que soy madre me encuentro haciendo y pensando muchas de las cosas que le criticaba a la mía. Ahora entiendo eso de que “mi bebé” o “mi nena” va a ser así por siempre, y fantaseo con que nunca llegue el momento en el que mi hija me diga “¡salí mamá!” cuando la quiera llenar de besos, o que se avergüence de mi cuando esté con sus amigos. Pero claro, seguro que eso va a pasar y después le tocará a ella estar de éste lado, y así será por el resto de los días, en las historias de madres e hijos.



Y aprovechando la mención a mi madre, a quien le encantaba el café, les quiero compartir una receta ideal para hacer en veranito y refrescarnos un poco, un Capuccino Frappé. 



Ingredientes
  • 500 cc agua caliente
  • 10 cucharadas Néscafé Dolca Cappuccino
  • 4 cucharadas Leche Condensada 
  • 1 cucharadita canela
  • cantidad necesaria Hielo picado

Procedimiento

Paso 1: Preparar el NESCAFÉ Dolca Capuccino y dejar entibiar.
Paso 2: Colocar en la licuadora la Leche Condensada Nestlé, la canela y parte del hielo.
Paso 3: Verter el capuccino preparado y batir hasta obtener una buena espuma.
Paso 4: Servir en dos vasos, agregar más hielo y coronar con una lluvia de canela.

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